Una anciana y un niño pequeño se conocieron en un parque; estuvieron juntos por un rato y finalmente se tuvieron que despedir.
La anciana, radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hijo estaba sorprendido al ver la paz que irradiaba en su rostro y le preguntó:
- ¿Qué hiciste hoy que estas tan contenta?
- ¿Comí dulces en el parque con Dios – ella le contestó.
Antes que su hijo respondiera, agregó:
- ¿Sabes una cosa? Es más joven de lo que yo pensaba.
Julie A. Manhan
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