La autoestima es la íntima valoración que una persona hace de sí misma. Es la forma habitual de percibirnos, de pensar, de sentir y de comportarnos con nosotros mismos. Es la percepción valorativa que tengo de mí mismo, de mi ser y de quién soy.
Precisamente, porque es una valoración personal de uno mismo, puede variar con el tiempo, no es congénita. Depende mucho de cómo nos ven los demás y de lo que dicen de nosotros, especialmente nuestros familiares, compañeros de colegio, amigos, etc. Si los demás nos muestran frecuentemente los fallos y defectos que tenemos, podemos sentirnos mal, pensando que los defraudamos, no siendo lo que ellos podían esperar. Si nos comparan con nuestros hermanos o amigos y hacen un balance negativo, podemos también creer que somos inferiores a los otros.
En nuestra autoestima entra mucho en juego la valoración corporal. Si nos vemos como inferiores físicamente a los otros o más feos o más torpes o más pequeños, nuestra autoestima será baja.
Por eso, es tan importante que los padres levanten el ánimo del hijo menos dotado. Nunca decirle adjetivos negativos como: feo, idiota, perezoso, renacuajo, gordinflón… No permitir tampoco que sus hermanos se burlen de él. Tampoco hay que hacer comparaciones odiosas: ¿Por qué no puedes obtener tan buenas notas como tu hermano? ¿Por qué eres tan torpe? ¿Por qué no juegas al futbol como tus amigos? No sirves para nada. Eres un inútil… Autoestima: sonríe, Dios te ama